Si necesitas algo, grita.
Usualmente soy bastante bueno para dar consejos. El método es bastante simple, solo pienso en la situación y como yo lidiara con ella, luego aconsejo todo lo contrario. Siempre que doy un consejo me ruborizo un poco, me siento bastante hipócrita y no puedo esconder la verguenza de ser tan mentiroso. Sin embargo, me he dado cuenta que soy bastate bueno para dar consejos, la gente siempre me pregunta que pienso o que opino, pero me he acostumbrado a abrir la boca en vez de simplemente darme la vuelta y largarme. Las personas que me rodean y que me consideran su "persona de confianza" siempre acuden a que les de una dosis de lo que ellos creen que es honestidad visceral, pero que realmente es abominable ficción. Pero hoy ha sido un día distinto. Puede que sea la resaca con la que estoy, la falta de sueño y/o estar más confundido conmigo mismo que de costumbre pero hoy me puse a filosofar con una amiga que necesitaba una dosis de aconsejamiento. Nada se me ocurrió, me quedé nulo. Traté varias de veces de decir algo relativamente inteligente pero solo me salieron algunos balbuceos incoherente, y cuando logré decir algo me daba cuenta que estaba desvariando. Hasta ahora me dura el mareo que me dio el esfuerzo mental. Mi amiga solo se me quedó viendo con una mirada vacía como recriminándome por no poder inventarme algo cercanamente a mediocre. Sus ojos me pedían un poco de compasión, ojos vidriosos al borde del llanto. El asunto me dejó tan mal parado que la verdad no escuché el resto de sus palabras, solo me quedé pensando en que pasaba conmigo. Finalmente llegó el momento de darle mi opinión ya que no se me ocurría nada tome la peor decisión, ser honesto. Ahora ella ya no es mi amiga. Estaba buena. Perder una amiga es un poco incómodo, pero perder una amiga que esta buena constituye algo que llega casi al dolor. Es perder las esperanzas del todo, así uno sepa que nunca iba a llevársela a la cama, es matar la fantasia que, para mi, es más doloroso que matar la realidad. La realidad es una cosa controlada por varios elementos en los que uno no tiene el control, pero la fantasia es integramente parte de uno, y cuando la fantasia muere en parte muere una parte de uno.
Me despedí de mi ex amiga y ex víctima de fantasias y lo único que se me ocurrió decir fue "si necesitas algo, grita", ella solo se quedó callada con la misma mirada vacía, mirándome en silencio, ese silencio que a veces ensordeze. Me dí la vuelta y comenzé a alejarme, y me volví a ruborizar, solo, sin nadie que me vea más que mi conciencia que me señalaba con ese dedo gordo con el que me ha señalado más de una vez, acribillándome con esa mirada maldita llena de ironía.
Tendré que aprender a cerrar la boca e irme del lugar.
