Y yo le dije -Podrías hacer silencio?- pero ella prefirió seguir riendo. Fue ahí cuando me di cuenta que lo que realmente me molestaba de ella no era su absoluta ignorancia o su falta de consideración con las otras personas, como hasta ese momento creía, sino era su risa. Cada vez que la oía reirse a carcajadas sentía que algo me estaba taladrando la cabeza desde adentro, como si mi cerebro quisiera romper mi craneo y salir huyendo fuera de la habitación para no escucharla. Todo fue tan claro en eso momento. Y ella seguía riendo. Dejó las tijeras cerca de mi mano. Ahora ella ya no rie.

1 Comments:
tijeritas. tampoco era para tanto su risa, peter.
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